
El vagabundo baja de su nube con un disco conceptual que desprende de sus raíces.
Llámenle lo que quieran, sólo no lo llamen “Robi”.
Entrevista exclusiva por Carolina Cardona para LEVEL MAGAZINE
A Draco le importan poco las etiquetas, tanto o menos que las entrevistas que confiesa que no lee. La poca información que llega hasta su remota y mítica Hacienda Horizonte pasa por un meticuloso censor.
Como un Dalai Lama encumbrado sobre su Tibet personal, Draco escogió las aterciopeladas montañas del pueblo de Utuado, en Puerto Rico, para vertir una nueva sombra sobre su ya misteriosa figura. Este municipio, mejor conocido por conservar los rastros arqueológicos de los casi extintos habitantes taínos del país, le ha brindado la distancia suficiente para alcanzar el nivel de paz y soledad que no había encontrado en los muchos rincones del mundo por los que le ha tocado viajar o vivir. Allí lo vemos al Draco en su hacienda restaurada, con facha de campesino y machete en mano, sembrando limones, recogiendo plátanos, reforestando monte, tostando café…
En medio del cementerio que es la industria discográfica actual, repleta de sellos agonizantes, fórmulas pop y discos rayados, Draco figura como clase aparte. Este es un artista que vence, que trasciende barreras idiomáticas, que acaricia profundo en la sensibilidad. Este es un artista que no ha tenido que aullar como lobo para hacerse escuchar. Con su guitarra Gibson y su estilo áspero, ilusorio, sensual y avant-garde, ha hablado claro.
Pero Draco no siempre ha sido Draco.
Draco Cornelius, como gusta llamarse hoy, nació en 1973. Creció bajo la influencia de su madre, una fanática incurable de los Beatles, Led Zeppelin y The Who, y el gusto de su padre por la salsa oscura y agresiva. Como su amigo Ricky Martin –con el que también colaboró como productor, anotándose megahits como “La vida loca”– saltó al escenario desde muy temprana edad a bordo de esa máquina de ilusiones infantiles que fue Menudo. Entonces se llamaba Robi Rosa: encarnación que enterraría hace tres años cuando, en una memorable instalación presentada en el Museo de Arte de Puerto Rico junto al artista Celso González, armó su propio funeral para sepultar para siempre su pasado. “Quiero morir y volver a empezar”, había confesado ya en “Vivir”, de su aclamado Vagabundo: el disco que, en 1996, lo convertiría en uno de los pocos inmortales del rock latinoamericano.
Después de Menudo viajó por el mundo. Estuvo en Brasil. En Argentina. En Estados Unidos. Con su grupo Maggie’s Dream giró junto a bandas de culto como Black Crowes y Faith No More. También actuó. Fue el protagonista de la película Salsa y del film alemán Gummibarchen kussit man nicht, de Christopher Mitchum. De 1994 a 2008 grabó siete discos de estudio –Frío, Vagabundo, Songbirds and Roosters, Libertad del Alma, Mad Love, Draco y El teatro del absurdo y Vino–, sacó algunas compilaciones y otros trabajos en vivo, y luego se internó en el monte, hasta hoy, que desciende a nosotros reinventado para sumarle a su leyenda un nuevo capítulo: a la manera de los trovadores boricuas, Draco, su última encarnación, echa mano de su tierra para dar a luz lo de siempre: poesía.
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“Este nuevo disco marca una ruta completamente diferente para ti…
Sí. Estuve allá arriba metido en el monte por mucho tiempo.
Cuando bajé, me encontré con el deseo de experimentar y hacer algo un poquito más roots. Trabajé con el cuatro (un tipo de guitarra con cuatro cuerdas que proviene de la vihuela española), el contrabajo y la percusión. Esta colección de canciones es completamente diferente a todo lo que estoy acostumbrado a hacer.
¿Es cierto que compusiste el disco en seis semanas?
¡Sí! Yo no sé qué pasó. Por lo general, un álbum me toma varios meses dándole, trabajando, puliendo… Pero estoy increíblemente orgulloso. Siento que es un intento interesante, que se logró combinar lo que son las tradiciones locales, un poco de los trovadores, con lo que siempre hago.
¿Y qué tal te fue trabajando con música folclórica?
Al principio no lo veía, sentía que estaba fuera de mi reino. Luego fue todo lo contrario: me encontré cómodo. Y creo que esto tiene mucho que ver con el ambiente. Allá arriba en la montaña es otra vida, otro sentir. Creo que si no me hubiera pasado lo de la hacienda, el estar metido bien profundo en los ríos, pescando chágaras, trabajando en construcción, este disco no se hubiera dado. Fue una conexión bellísima, milagrosa, sobre todo por el tiempo que me tomó hacerlo. Esta vez, no lo cuestioné tanto.
¿Cómo te sientes con tu nueva vida en el campo?
Espiritualmente me encuentro mejor que nunca… Y me siento más perdido que nunca.
¿Cómo ha cambiado tu visión con esta experiencia?
Me ha dado una nueva apreciación. Hasta ahí mi vida había sido, hasta cierto punto, un poco vana. Esta nueva fase me ha dado un placer completamente nuevo. Es un sentir interesante que aún no entiendo mucho, pero estoy en esas… Soy un novato en este mundo de trabajar con la tierra, es algo que estoy aprendiendo, pero con un entusiasmo y una pasión heavy. Me levanto por la mañana y digo “¡Whoah! ¡Hay mil cosas por hacer!”
Tienes un café marca Draco…
Sí. Surge esa oportunidad de compartir un café gourmet artesanal que por ahora se llama Café Draco de la Hacienda Horizonte. Lo estoy vendiendo en el aeropuerto de San Juan y en la página de mi estudio, PHVX.com. El enfoque es niche. Tiene caramelo, chocolate, frambuesa… es un café bastante liviano. No es un dark roast. El tueste fue hecho para que puedas tomarte dos o tres tazas al día sin perder sueño.
¿Te mantienes al día con lo que pasa en el mundo de la música?
Te soy sincero: no me mantengo al tanto de lo que está pasando, y es simplemente porque no tengo tiempo para prestar mucha atención a la tele o sintonizar la radio. Lo que más utilizo en la finca es Pandora (un servicio de radio por Internet que programa estaciones de acuerdo a tu música favorita). Pongo mi estación de Pink Floyd… Si quiero escuchar a un trovador local también tengo mi estación: Ramito… El domingo por la mañana escucho a Bach. Obviamente tengo Wi-Fi allá arriba y busco ciertas noticias que me interesan. No busco CNN. Recién compré un televisor para cuando me visita mi papá o para complacer a los visitantes, pero la verdad es que estoy fuera todo el día. Leo algunos periódicos y paso algunas horas en el Internet, pero veo estrictamente lo que me interesa y punto.
¿Qué más estás escuchando por estos días?
Música del monte, de los años 30, 40 y 50 de Puerto Rico, entendiendo mejor el movimiento de los trovadores. No son personas que encuentras en People, son personajes que llegaron y se fueron y dejaron sólo música.
Haz dicho que fuiste un niño muy creativo que se refugiaba a veces en la fantasía. ¿Crees que fue una reacción ante esa vida de niño estrella que tuviste?
No. Creo que todos los niños nacen con esa magia. Hay unos que deciden olvidarse e incorporarse al sistema, volverse conservadores y hacer lo que tienen que hacer para estar adentro. Yo hago parte de una larga lista de personajes, hombres y mujeres, que piensan diferente, que mantienen ese espíritu de búsqueda, de pasión, de aventura… Y pasan los años y ese elemento se fortalece. Es muy triste cuando eso se pierde. Yo he conocido ancianos con ese espíritu, y hay quienes son unos agrios porque están desconectados y la risa se les va y las marcas se les quedan en la cara.
En algún momento de tu vida rompiste de manera definitiva con tu pasado pop. ¿Puedes señalar el momento específico en el que esto sucedió?
No tengo idea. Yo estoy en el momento. No tengo ninguna bandera. No defiendo ningún género. Obviamente he “jalao” un poco para el rock y hay ciertas cosas que me gustan, pero más allá de mantener una línea, un estilo, siempre espero tener la oportunidad de hacer lo que siento. Espero no ser tan limitado dentro de mi cabeza como para no poder ir más allá. Yo estoy viviendo el momento.
El año pasado estabas estudiando física cuántica, ¿cómo va eso?
Igual. Sigo igual de enredado, pero encantado.
También dejaste de producir. Alguna vez dijiste que fue porque te falta el “don de gente”…
Eso es verdad. Y lo dije porque, a veces, uno quiere hacer las cosas de acuerdo a un sentir personal, pero luego llegan otros a cuestionar. Por ejemplo, estoy en un estudio con diez personas, pienso que hay que ir en esta dirección y nueve empiezan “Pero, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?” como si estuvieras lidiando con un niño. Entonces yo contesto: “¡Esto es lo que hay! ¡Es un feeling!”, y me voy por ahí. ¡No sé por qué!
¿Es que no les tienes paciencia?
Tengo paciencia para ciertas cosas y para cierta gente. Pero de repente no. En un momento en el que hay que tomar una decisión y trabajar en compañía, pues sí, cuesta un poco.
¿Quiénes han sido tus influencias más importantes?
Varias personas que he conocido, varios viajes. Hay mil cosas. Influencias no son una, dos o tres cosas. Es mucho más complejo. No he vivido por mucho tiempo en un lugar. He estado rodando por el mundo. Ha sido una colección de vivencias.
¿Cómo manejas la relación con tus fanáticos?
Siempre me da mucho sentimiento encontrarme con gente que me dice “¿Tú eres fulano? Me encanta esta canción… o este disco”.
Al final del día es milagroso ese detalle.
El poder componer un disco desde tu casa, grabarlo, es un proceso solitario, y que de repente mucha gente pueda disfrutarlo… eso es milagroso. Es una bendición grande de Dios. Es apoteósico".













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